Buenos días.
El pasado día 8 de enero tuvimos de nuevo una cita con la BTT, y aunque no he podido publicar hasta ahora y nos hemos saltado la serie temporal de nuestras rutas, es bueno el publicar lo que en principio pareció un escarceo más que una ruta propiamente dicha. O sea, que la crónica también podía haberse llamado "por donde no os debéis meter con la BTT". Os cuento.
A eso de las ocho y cuarto en la gasolinera Tamos nos vimos el bueno de Francho, el gran Coronado, el indómito Pedro Lara y éste humilde escriba, vuestro que lo es, Edu. Pedro tenía quehaceres y no tuvo más remedio que volver a su casa, con gran pena pues era una ruta que la apetecía, y mucho. Y de paso, deciros que nuestro Coronado venía como para abonar campos después de tantos días de excesos alimenticios, gran esfuerzo el que tuvo que hacer, ya os lo adelanto.
La ruta prometida (por mí) trataba de abrir un nuevo camino por el río Júcar en su margen derecha, en concreto desde Cuasiermas hasta La Marmota, y una vez allí, realizar otra serie de sendas que mis compañeros no conocen todavía. ¡Un planazo, oiga!
La investigación previa de la zona me hizo ir algunos meses antes a visitar esas sendas, y pude andar parte del camino hasta llegar a una punto que parecía cercano a lo que debía ser un camino que llegaba por el otro lado. Ese tramo, en principio parecía que se podía hacer con la bici del ramal, pero...
La ruta transcurría en una estupenda conversación, risas y además con la estrena del traje de Francho, que es una auténtica pasada, pues en cierto modo recuerda a los trajes de "Kill Bill", absolutamente vistoso.
Poco a poco el viento fue subiendo en intensidad, pero claro, para esta vez pensábamos hacer la ruta, acabar en La Gineta y volver desde allí, ¡con el viento a la espalda! (jódete, Eolo)
Llegados al paraje Cuasiermas en el río Júcar paramos para ajustar las calas mis zapatillas; los reyes magos se han acordado de estos ciclistas y de que manera. Fotos, algún mazapán y empieza la aventura de investigación.
En principio la senda es absolutamente preciosa, entre pinos, encinas, bosque de rivera y un suelo alfombrado de juma. Se pueden hacer unos 1000 metros montados encima de la bici, y ya os digo, que por un paraje estupendo. El camino va cediendo poco a poco el espacio al bosque y cada vez se hace una senda más angosta y donde es imposible ir montado, no sólo eso, se nota que los únicos que pasan por allí y que hacen que la parte baja de la senda sea transitable, son los jabalíes.
Nosotros por suerte teníamos a Coronado, grande en todo donde los haya, y como dice Francho, "si pasa él, nosotros también" (ja ja ja), así pues dejamos que fuera abriendo la expedición, y claro, lo que en un principio parecía que debía ser poca distancia con el ramal del otro lado de la "selva", se fue convirtiendo en un camino inescrutable, como los del Señor. La verdad sea dicha, que aquí Francho estuvo realmente genial, lo que nos pudimos reír.
En fin, que con los pies llenos de barro y entre zarzas que se nos agarraban a la ropa, y con mucha pena en los bolsillos, decidimos que lo mejor era dar la vuelta. Realmente estábamos cerca del final de la senda de los jabalíes, pero es que estaba realmente impracticable para ir con la BTT del ramal.
Y además es que no merece la pena intentar abrir senda por allí; es unas de las pocas zonas donde los animales se pueden mover con facilidad y en libertad, hay que respetar estos sitios...y además, ¡será por sendas!
Dada la hora que se nos había hecho, lo mejor era plantear una incursión rápida, como no, a Motilleja, que nos pillaba a tiro de piedra y donde nos esperaba un buen almuerzo en el "Bigotes".
Estando allí apareció Pascuy con el que estuvimos un rato charlando hasta que decidimos que era el momento de marchar. Hace poco, escuché una buena definición del viento en Albacete, que vayas por donde vayas siempre te da "frontolateral". Acierto al 100%, nos dejamos caer hacia el río Júcar por el paraje de las Mariquillas para tomar por alguna de las pistas que desde allí vuelven hacia Albacete, y de nuevo el amigo Eolo se nos unió para darnos en toda la cara un buen "¡zas!".
Así que nos armamos de paciencia y fuimos pedaleando tranquilamente de vuelta, pues no teníamos otro remedio que hacerlo así, y además con nuestro amigo Coronado fastidiado. Como estaría de malo que hasta perdonó la caña que nos tomamos al llegar y que Francho y yo dimos buena cuenta. Por cierto, que también se presentó el amigo Adolfo con el que pasamos un buen rato, como debe ser.
Poco más puedo contaros, tan sólo deciros que al final hicimos 64 km. a una media de 17,2 km/h.
Saludos...Edu
Para saber: Los jabalíes
Su nombre científico es Sus Scrofa y es un animal perfectamente distribuido y adaptado a esta península ibérica. Tiene la cabeza alargada y algo cónica, muy parecido al cerdo doméstico, de patas muy cortas y con una potencia realmente excepcional pues es muy fibroso. Tiene pezuñas con las que puede realizar intensas excavaciones, se ayuda del hocico para realizarlas, a veces con tanta fuerza que el campo queda roturado por completo. El pelaje es muy denso y compuesto por cerdas, del color de la tierra, que hay que camuflarse; de pequeños (jabatos) el pelaje presenta una listas tranversales en todo el cuerpo.
Los dientes son muy potentes y puede utilizarlos para defenderse y además llega a tener dos colmillos inferiores. Pueden llegar a medir desde 0,9 hasta 1,6 metros, dependiendo del sexo, y su peso oscila entre los 150 y 260 kilos.
Podríamos decir que se trata de un animal con costumbres seminocturnas, pues utiliza parte de la noche para alimentarse. Es omnívoro, puede comer prácticamente de todo: bellotas, castañas, bayas, piñas, tubérculos, raíces, cereales, cualquier tipo de insecto, culebras, hongos, frutas, caracoles, huevos y pollos de aves nidificantes en el suelo, carroña, mamíferos pequeños, etcétera.
Viven en familias formadas por una hembra, varios jabatos y rayones (lo más pequeños) y un macho que siempre vigila la retaguardia. Los jabalíes de dos a cinco años se unen en piaras separadas, formadas por jóvenes machos. Tienen una gran afición por el barro y emiten dos tipos de sonidos: silbidos y gruñidos.
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Cuatro jabatos |
Si ves a este animal, normalmente saldrá huyendo de ti, pero no lo acorrales ni se te ocurra hacer tonterías, y sobre todo, si va con las crías. No es el primero ni va a ser el último que se ha tenido que subir a un árbol y no se ha podido bajar mientras estaba el jabalí defendiéndose.
La carne de esta animal es algo dura, pero si das con el cocinero apropiado te aseguro que vas a comer un plato excepcional. Normalmente la he probado estofada, con varios tipos de salsas o bien embutida en chorizos.
Si queréis una recomendación, en la aldea de La Sarguilla hay un pequeño restaurante al lado de la gasolinera. Allí cocinan el jabalí en una salsa muy especial, no te digo nada pero si tu ruta pasa por allí, hazte un favor y haz un alto en el camino para tomarte un plato de esta carne.