Ya sabemos que para gustos colores y que cada uno le saca mayor o menor provecho a determinado tipo de rutas, eso es indudable, y además, debe ser así, no me cabe la menor duda.
Si tuviera que quedarme con un tipo de rutas, evidentemente elegiría las "serranas"; ascender a la cumbre de cualquier pico me ha proporcionado muchas horas de bicicleta realmente espectaculares, y contrariamente a lo que se puede suponer, no son este tipo de etapas las que más me cansan, ni mucho menos. Creo, y seguramente algunos coincidirán conmigo, que las etapas "pestosas" son mucho más exigentes para el cuerpo que las "serranas".
No hay nada como coger tu ritmo de ascensión, fácil y constante, que sin exigirte demasiado puedes llegar a ascender cualquier cumbre...¡y siempre se llega! Quizá tiene mucho que ver en como la vida te va moldeando, con la edad te das cuenta de que las metas que merecen la pena necesitan, sobre todo, de mucha paciencia y de pocas prisas.
Así que, como ya es costumbre hemos acabado el año subiendo montes, no podía ser de otro modo. Y este año, además, nos hemos ido los dos incombustibles, nada menos que el amigo Coronado y yo mismo y nos hemos metido una etapa de las de subir y bajar todo el tiempo, que de llanear ya tendremos tiempo.
Con las lluvias caídas el pasado fin de semana los caminos estaban bastante embarrados, y no sólo eso, dada la altura de la zona, las heladas por aquella zona son muy fuertes y dejan muy tocados los caminos. En fin, que con muy buen criterio nos apuntamos a una ruta que partiendo desde Riópar nos llevara a ascender el puerto de Crucetillas, una auténtica delicia este puerto, no nos cabe la menor duda.
Una vez arriba se trataba de llegar lo más cerca posible del Batán del Puerto o de Río Madera, y tomar desde allí alguna pista que nos llevara hacia la Cañada del Provencio o algún lugar cercano para volver hacia Riópar...pero no tuvimos más remedio que darnos media vuelta por donde habíamos venido. Atentos a las fotos de como van los arroyos y la helada que cayó.
La bajada la hicimos como un rayo hacia el Batán del Puerto, hasta que en las proximidades del arroyo que discurre por el fondo del barranco empezamos a encontrar placas y más placas de hielo, con una temperatura que empezaba a bajar grados y más grados. Ahí os dejo algunas fotos de como estaban los "carreterines".
De nuevo volvimos a ascender el puerto, en esta ocasión iniciando la marcha por la cara norte que es algo distinta a la anterior ascensión: menor pendiente en los primeros kilómetros y un final bastante más fuerte, con porcentajes que pasan del 12% en muchas ocasiones.
Y de nuevo al coronar el puerto, paramos para tomar un pequeño respiro y de ese modo llegar en perfecto estado a la bajada, kilómetros y kilómetros de descenso, una delicia para cualquier aficionado al ciclismo, pero eso sí, con todos los sentidos puestos en el trazado pues las velocidades que se alcanzan en muchos tramos son cercanas a los 60 km/h y sin apretar demasiado.
La llegada a Riópar estaba muy cerca y tan sólo nos quedaba el último esfuerzo para completar una ruta serrana, de las que nos gustan (sobre todo a mi), con un acumulado cercano a 1100m+ en un recorrido de 40 kilómetros.