Buenos días.
Como ya os comentamos la semana pasada, íbamos a realizar dos visitas seguidas a nuestro querido Júcar, y si la primera fue buena, os aseguro que esta ha sido insuperable: sendas y más sendas por las orillas de nuestro querido río y sobre todo, una visita muy especial al excepcional palacio de los Gosálvez, más conocido como el Versalles de La Mancha.
Poco queda de él y lo que queda en pie está en un estado ruinoso, tanto es así que cualquier día de estos llegará a colapsar la estructura por completo, y sólo nos quedará el recuerdo de lo que en su momento fue el palacio más bello de la provincia. Realmente el estado de degradación es tal, que su reconstrucción es impensable: su coste sería incalculable. Nos queda asistir, por tanto, a su ruina total y desaparición completa.
Y además de la visita, la idea era darnos una buena ración de sendas de las que por aquí tenemos, un auténtico paraíso para la práctica de la BTT y que de vez en cuando hay que refrescar. Los parajes que hemos visitado pertenecen a la ribera del Júcar: La Roda, Tarazona de La Mancha, Fuensanta y Villalgordo del Júcar.
En esta ocasión nos hemos juntado nada menos que Adolfo y por supuesto, yo mismo. Y para comenzar la mañana lo mejor era quedar algo pronto en Fuensanta, desde donde nace la ruta que tenía diseñada y que de modo circular, nos llevaría a visitar una buena ración de sendas.
Las primeras sendas las tomamos desde la zona del puente de Quitapellejos, entre pinos, túneles de vegetación y con el río al lado, todo un placer. Al llegar a la aldea de El Carrasco cruzamos el río y nos volvemos dar otro gustazo con una senda que discurre en parte por el cauce de un rambla.
Y desde aquí nos acercamos hasta el Galapagar, se realiza una ascensión de un par de kilómetros y empieza la senda final. Y digo la senda porque prácticamente desde aquí hasta Villalgordo es todo una senda de 15 kilómetros.
Sendas limpias, bien diseñadas, con buen trazado, y que quitando algunos tramos (en mi caso), son ciclables en su totalidad. Aquí tienes para todos los gustos:areneros, toboganes, de rocas, compactas, con saltos, ...
En fin, que como llevábamos buena hora decidimos que nos daba tiempo a almorzar en el restaurante de la gasolinera de Villalgordo, nada como una buena cerveza para hidratarse y medio bocadillo para reponer fuerzas. He de deciros que aquí lo que merece la pena es almorzar de plato, que es su fuerte, pues las brasas siempre las tienen en marcha y tardan realmente poco en servirte.
Al terminar del almuerzo nos tocaba la visita al palacio de los Gosálvez, donde disfrutamos a base de bien. Sin duda alguna, si pasas por allí no puedes dejar de visitar las ruinas. Aquí os dejo las fotos del paraje y más abajo ya os hago una descripción más detallada. Si tienes interés no debes dejar de leer la pequeña y apasionante historia que os contamos.
Poco más os puedo decir, simplemente que ayer llevé dos compañeros muy buenos con los que pasé un día realmente espléndido: buena conversación y entre risas. Y que por lo que pude ver ayer ¡están bastante fuertes!
Aquí os dejo
un enlace a todas las fotos y por supuesto, el track de la ruta.
Para saber:
La familia Gosálvez tiene su origen en Alcoy, donde ya en el siglo XVIII aparece como una de las principales familias de la localidad, y perteneciente a la incipiente burguesía local. En 1850 esta familia adquiere a orillas del río Júcar, en Villagordo del Júcar, todo el emplazamiento actual y además, como buenos industriales se preocupan incluso por
montar una central hidráulica (en 1887), una fábrica de papel, otra de hilados y hasta una de harinas -todo un complejo industrial-. Tanto es así, que es Villagordo el primer pueblo de España con suministro eléctrico.
Son varias generaciones de este linaje los que llevan con acierto todo este complejo, y es Enrique Gosálvez-Fuentes y Álvarez quien potencia definitivamente esta empresa, pues además de diversificar la producción (conservas, destilerías, ...) construye viviendas para los trabajadores, iglesia y escuela. Si tenemos en cuenta los tiempo que corrían eran unos auténticos avanzados para su época.
Cabe destacar también otro edificio que la familia poseía en Madrid desde 1913, época en la que la familia llega a su máximo esplendor. Sin embargo, el declive de la familia está por llegar, el matrimonio pierde hasta seis hijos y aunque sobreviven cinco de ellos, ninguno llegó a tener descendencia. Y es que esta familia llevaba varias generaciones practicando la endogamia. En 1938 muere Enrique y con él, cualquier esperanza de futuro de la familia.
El palacio se construyó en 1902 y el arquitecto encargado fue nada menos que
Luis Sáinz de los Terreros. Una de las primeras obras importantes de este arquitecto es este palacio, sin duda alguna, al que dota de un estilo ecléctico francés muy del gusto de la época.
El edificio consta de dos alas laterales y un cuerpo principal donde encontramos todos los elementos comunes de los palacios: escalinatas, salones de música, de té, calefacción central, dormitorios dotados con cuarto de baño, agua corriente, bodegas, jardines, fuentes, ría... Cabe destacar que en la fachada principal existía una fuente conocida como la de la "zarina", y es que, efectivamente esta fuente fue regalada a la familia por la esposa del zar de Rusia, Nicolás II. Esto nos debe dar una idea de la importancia de la familia en aquella época.
En el 1926 se realizó una modificación del palacio donde se incluyeron una serie de estancias con unas decoraciones muy particulares: una sala oriental, otra africana y una mozárabe, de la cual, aquí os pongo alguno de los restos que hoy se pueden ver.
Uno de los detalles que más me impresionan de lo poco que queda en pie son las molduras de madera que rematan las puertas en estilo Art Noveau. En su momento, este recinto poseía nada menos que 368 ventanas, y se asegura que el mismo número de puertas.
Como dato curioso, en 1936 el recinto fue convertido en maternidad durante la guerra civil. Tras este último uso que se le dio al palacio, éste empezó su declive con un continuo y desesperante expolio de cualquier cosa que de valor había por allí, tanto es así, que incluso se llegó a quitar el zinc que recubría todo el tejado de la nave central para ser vendido, momento en el que se dictó la sentencia a muerte del edificio.
Más para ver:
Además de incluir el Palacio de los Gosalvez en Villlagordo no estaría de más recordar que en Fuensanta podemos ver Villa Manolita (y comer también allí) y el monasterio del pueblo. En Tarazona de la Mancha la plaza mayor es una auténtica delicia y como no,
La Roda, de la cual ya os comenté algunas cosas.
Saludos.