Y es que resulta que ayer cambié la salida de los miércoles por el martes, que cuando no hay más remedio uno siempre tiene que hacer el esfuerzo. Y además, después de la gripe de la semana pasada casi que me convenía salir por mi cuenta para ir haciendo algo de kilómetros sin la exigencia del grupo.
Por el camino pude ver un par de lagartos ocelados así como alguna que otra abubilla, uno de mis pájaros preferidos junto al abejaruco, que también se da por esta zona y que ayer no pude ver.
El viento soplaba algo de cara pero tampoco con mucha intensidad, lo suficiente para molestar pero sin llegar a sudar la gota gorda. Así que al final llegué a El Salobral en menos de una hora, lo que me hizo animarme a seguir hasta Los Anguijes y de paso echarle un vistazo al Hundimiento.
Dicho y hecho, continué con esa marcha tan buena que había cogido y menos de media hora llegué a mi destino. Y es aquí donde no tuve más remedio que para a hacer alguna foto, y como no, las de la culebra que estaba allí esperándome a que le lanzara alguna que otra foto.
Para la vuelta, me dejé una visita "impepinable" que tenía que hacer. Sí, sí, el gran Coronado me estaba esperando en su casa y allí que me presenté, con puntualidad manchega me dejé caer por allí y pudimos charlar un buen rato. He de deciros que lo vi estupendamente, y que según él, parece que todo sigue su curso y como dicen las notas de los peques, "progresa adecuadamente"...ja ja ja.