Son muchos los destinos serranos que uno puede elegir de mi
provincia, y he de reconocer que una de mis debilidades, sin duda alguna, es el
río Tus y todas las aldeas que por allí tenemos: la propia Tus, Los Giles, Collado
Tornero, Las Mohedas, Moropeche, Rala, Majada Carrasca y tantas otras. El encanto de aquel paraje es especial, por
un lado el Calar del Río Mundo dominando todo el cañón en su margen norte, y
por otro los picos del monte Ardal, Cerro Malejo, y Calar de la Sima en su
margen sur forman un cañón de color verde en sus laderas, azul en el fondo y con el pantano de Fuensanta como meta. Allá en Collado Tornero el terreno se vuelve imposible, se acaban las carreteras y comienza el estrecho del "Infierno", un auténtico barranco de paredes verticales donde todo se precipita por unas paredes de más de 300 metros.
El parque natural del Calar del Mundo y de la Sima también
nos espera allí, singular donde los haya gracias a esa enorme variedad vegetal
que existe, concentrando casi un 37% de la especies de la península, con no sé cuántos endemismos y con esos montes tapizados de árboles
y más árboles. La red de senderos que han abierto y señalizado es muy interesante
y contamos con una gran multitud de casas rurales, un camping recientemente
abierto y un balneario bastante “apañado”.
En fin, que este año mi desafío consistía en ir desde
Albacete hasta Tus, pasando por Liétor, Elche de la Sierra, Letur, Yeste y
finalmente, llegar a mi destino en las casas rurales Mirador del Mundo. Como ya ocurrió el
año pasado, quién más me animó fue mi mujer y mis hijas, y por supuesto, me
acompañaron en la ruta al igual que el año pasado. ¡Va por ellas!
La ruta la planteé como el año anterior, en dos
tacadas, el primer día desde Albacete hasta Elche de la Sierra, y el segundo
día, desde Elche hasta Tus; en total 176 kilómetros con una desnivel acumulado
de unos 3300 metros. Ya sabéis que no soy un gran deportista, pero estas cosas
si se plantean bien están al alcance de muchos.
Estas rutas siempre me las tomo con una buena
dosis de tranquilidad, tantos kilómetros y en solitario hacen que el sentido
común tenga que ser tu mejor compañero de ruta, pero en esta ocasión los
primeros treinta kilómetros no fui sólo, mi buen amigo Coronado me propuso
acompañarme en ese primer trayecto hasta Cañada Molina, ¡y vaya si lo agradecí!
El itinerario para este primer día fue el mismo del año anterior, es un
recorrido fácil y que no te carga las piernas demasiado dejando lo mejor para
el día siguiente.
Aguas Nuevas, El Salobral, Los Anguijes, Los Pocicos,
Pozohondo, Nava de Arriba, Liétor y finalmente, Elche de la Sierra. Como
siempre, no hay nada como un buen madrugón para empezar estas aventuras, así
que el pasado 19 de Agosto a las 06:30 de la madrugada, apenas puestas las
calles, me puse en marcha, con muchas ganas y también algo de frío, que a esas
horas el relente hace de las suyas. Recogí a Coronado a eso de las 06:40, ¡y a
la ruta!
Los primeros kilómetros los tuvimos que hacer con el foco
encendido, la noche era cerrada todavía y no despuntó el día hasta la zona del
Hundimiento, allá por Los Anguijes. Llegados a este punto nuestro querido Eolo
también se unió a nosotros, supongo que no quería perderse un día así.
Llegados a este punto, comienzan los primeros montes y las
primeras tachuelas que no presentan problema alguno, pues los desniveles por
aquí son todavía muy asequibles. En Cañada Molina nos despedimos Coronado y yo,
eso sí, tomando algún tentempié que siempre viene bien. Así pues, en Los
Pocicos llegué con muy buenas sensaciones y con muchas ganas de continuar con
la ruta. Por cierto, en esta aldea se encuentra un horno de pan con mucho
predicamento en Albacete, y en honor a la verdad, es que tienen un pan
realmente delicioso.
El siguiente pueblo en la lista era Pozohondo, donde paré a
tomar un café pues ya me iba haciendo falta tomar algo que no fuera agua. Este
año, a diferencia del anterior no encontré a nadie recogiendo almendra: el año
pasado pude ver como en varios bancales de almendros estaban recogiendo las
almendras y no tuve más remedio que preguntar, me aseguraron que ese año con
tanto calor, "la cosa se había adelantado".
En fin, que me puse otra vez en marcha con rumbo hacia la
Nava de Arriba, donde paré a hacer alguna foto, hasta el momento el día estaba
muy cerrado e incluso en algún momento llegué a pensar en que podía caerme algo
de lluvia.
A escasos kilómetros de Nava de Arriba existe un desvío que
parte hacia el pantano de Talave, y que permite ganar Liétor por una zona donde
no hay tráfico alguno...ni pueblos, ni aldeas, ni nada. Aquí existe un paisaje
muy interesante, pues después de subir un pequeño repecho, llegamos a la zona
donde se acaba La Mancha y empieza la Sierra. El cambio de una ladera a otra es
genial, cambia la fisonomía de los montes, del paisaje, de los
cultivos...bueno, creo que las imágenes hablan por sí solas.
Y al igual que el año pasado, paré en una pequeña aldea que está en
la falda de estos montes, ya abandonada y que tuvo que conocer mejores tiempos,
donde según me contaron hace unos años, durmió Franco en una de sus jornadas
de caza a lo largo y ancho de Albacete. No penséis que es algo especial, en
esta provincia creo que no hay aldea que no se precie de haber dado lecho a
Franco en alguna cacería...¡y parece ser que así fue!
Este camino te lleva derecho hacia la desembocadura del
trasvase del túnel Tajo-Segura, pero no creo que desviarme del camino trazado
fuera muy buena idea, el viento y el calor empezaban a apretar y aún me
quedaban unos cuantos kilómetros hasta Elche de la Sierra, y no sólo eso, hay
un pequeño nacimiento de agua en el que llevo toda la vida queriendo parar, ¡y
por fin este año ha tocado!
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Y en el centro, ¡un dragón! |
Liétor
El siguiente punto de parada y de obligado descanso era
Liétor, pueblo de muy buen recuerdo para mí y donde he pasado algunos veranos
con mi familia. Además, el pueblo estaba en fiestas (con su respectivo
encierro, como buen pueblo serrano que es), y daba gusto pasar por las calles
tan llenas de vida.
Aquí paré a desayunar, que falta me iba haciendo, dando
cuenta de una caña bien fría con un plato de magra de con tomate en el bar “El
Labrador” donde Antonio y Visi siguen haciendo que tu estancia sea muy grata. Recordaros
que el tomate de este pueblo es especial, y sale de la vega del río Mundo que
discurre al fondo del barrando al que se asoma el casco del pueblo: vistas
realmente increíbles, os lo aseguro.
La bajada hasta el cauce del río es rápida y en algún
momento tienes que tirar de frenos a base de bien, pues los porcentajes son
elevados...tanto como los de la subida que te espera cuando al cruzar el río,
comienzas a subir la margen contrario. Buen puerto de no muchos kilómetros,
pero con importantes desniveles y que discurre por un carretera sencillamente
espectacular, en sus vistas y en cuanto a la vegetación que te rodea.
Elche de la Sierra
Cuando terminé el puerto empecé a sentir el calor a base de
bien, menos mal que Elche de la Sierra estaba cerca y los kilómetros que me
quedaban eran muchos menos. Aquí el paisaje ya está transformado en serrano, y
si bien, la carretera discurre por un valle muy extendido, los límites son
montes bastante eleva
dos.
Finalmente, alcancé el cruce de la carretera de Ayna con
Elche de la Sierra y desde aquí, la carretera te lleva hasta tu destino por un
descenso más que notable y realmente cómodo de hacer, además, con el calor que
hacía apetecía poner en marcha el aire acondicionado.
En fin, que a las 13:15 estaba en Elche de la Sierra después de 90 kilómetros de recorrido con un acumulado de unos 1000 metros, con muy buenas sensaciones y esperando la etapa del día siguiente, mucho más exigente y donde me esperaba unos cuantos buenos puertos.
El lugar donde íbamos a pasar la noche es el hotel Moreno,
un sitio totalmente recomendable y con una buena cocina, os lo aseguro. Y de
donde no podéis marchar sin probar (y comprar) su aceite de oliva, elaborado
por ellos mismos y que a buen seguro, me vais a agradecer que os haya
recomendado. El aceite en cuestión se llama "Origen", todo un descubrimiento, os lo aseguro.
Por la tarde, con las piernas frescas y completamente descansado decidimos que lo mejor era visitar el monumento que hay en Villares dedicado a Amilcar Barca, el general Cartaginés que se supone que murió en este emplazamiento.
89 kilómetros con 1027 metros de acumulado positivo
Para saber: Elche de la Sierra y Amílcar Barca
Existen varios
investigadores que aseguran que fue Elche de la Sierra (Helike), el lugar donde
el general cartaginés, Amílcar Barca (padre de Aníbal), perdió la vida allá en
el invierno de 229-228 a.C.
Parece ser que
Amílcar permitió que una considerable parte de su ejercito se retirara a la
ciudad de Acra Leuca, de modo que Orissón, comandante de los Oretanos,
prestaría su ayuda en el cerco militar; sin embargo, en la realidad, se
convirtió en la ayuda de los cercados. De esta guisa, durante la noche, los
oretanos prendieron el campamento cartaginés y tanto Amilcar, Aníbal como
Asdrubal tuvieron que huir, pero en esa huida Amilcar fue herido por el rey
Orissón y parece ser que cayendo a uno de los ríos que por allí discurren,
murió. El cadáver nunca fue encontrado y la historia ha sido puesta en duda en
más de una ocasión, pero lo cierto es que ya hace muchos siglos, Diodoro Sículo
(historiador romano del siglo I a.C.) y Ioannes Tzetzes (historiador Bizantino
1100-1180) aseguraron que fue allí, en Helike, donde perdió la
vida.

Para saber: El monumento a Amilcar Barca y la necrópolis donde se asienta
Si queremos visitar el monumento dedicado a este general, debemos dirigirnos al pequeño pueblo de Villares, a tan sólo un par de kilómetros de Elche de la Sierra. Se trata de una especie de monolito al pie de la peña de San Blas. No es que se trate de una gran escultura, pero creo que es curioso (muy curioso) el poder encontrar semejante monumento dedicado a un general cartaginés; me gusta la idea y me parece más que acertado el dedicar un trocito de nuestro espacio a aquellos que de un modo u otro, han pertenecido a nuestra historia.


Cuando visitéis el emplazamiento, si sois buenos observadores podréis encontrar unas pequeñas cazoletas excavadas en la piedra, al igual que otras que he encontrado en otros yacimientos funerarios de la época pre-íbera, tal como el cerro del "Pelao" o la zona de los petroglifos del Cenajo. Pues bien, siguiendo la pista resulta que se pueden observar perfectamente al menos dos tumbas excavadas en la piedra, pertenecientes muy probablemente a la época del Hierro. O sea, que además de visitar el monumento podréis ver una pequeña necrópolis allí mismo; supongo que deben existir más tumbas, pero para poder encontrar algo sería necesario más tiempo pues la zona es amplia.