Buenos días.
Antonio Machado, uno de los más grandes poetas que este país ha tenido, tiene un pequeño -gran- poema llamado "Amanecer de Otoño": unos pocos versos, cuatro palabras...así son los grandes, en dos líneas son capaces de sintetizar cualquier tema que se propongan. Yo me conformaré con publicar fotos, ¡que le vamos a hacer! (por cierto, el poema va al final, faltaría más).
Y es que, sin duda alguna en esta época del año aunque ya empiezan los fríos, siempre se realizan rutas realmente vistosas, así que pensando en ello, no tuve más remedio que acudir de nuevo al río Júcar...ya saben vuesas mercedes que soy un enamorado de ese cauce, ¡por algo será!
La ruta
Con estos mimbres me puse en marcha antes de las ocho de la mañana, para poder ver el amanecer nada más salir de Albacete, y acerté de pleno con la hora: ya era hora (nunca mejor dicho), y para muestra, una foto, no podía ser de otro modo.
Ya comienzan a verdear algunos campos de cereales lo que presta a estos primeros kilómetros mucha vistosidad, eso sí, llanos, completamente llanos.
En fin, que tomé los derroteros de Miralcampo, pues ya sabéis que desde allí está a tiro de piedra el paraje de Las Marquillas, o mejor dicho, el inicio de la ruta por el cauce del río Júcar. Para llegar hasta allí tome el antiguo camino de Los Yesares, que hace unos meses arreglaron, pero que ya tiene importante cárcavas a lo largo de la bajada, lo que hace que vuelva a estar algo peligrosa.
Nada más bajar al río me encontré con el paisaje de la foto de cabecera, lo que hizo que se me iluminara la cara con una sonrisa estupenda, desde luego que la ruta no me iba a defraudar si empezaba así.
Poco a poco fui ganando kilómetros por la margen derecha del río, que por cierto, hoy tenía un caudal más elevado que en otras ocasiones; se ve que las lluvias otoñales empiezan a hacer su efecto, y nosotros que nos alegramos de ello.
La idea que tenía era seguir hasta la central hidroeléctrica de Bolinches, para una vez allí, tomar la senda que sale a la espalda del paraje, una senda fácil, larga, vistosa...de las que hacen afición. Así que, dicho y hecho me puse en marcha hacia la zona de la central, atravesé el río cruzando a la margen izquierda, y tomé la senda.
La Senda
Los primeros metros de la senda estaban bastante rotos, seguramente producidos por la rodadas de algunas motos de trail, lo que me hizo extremar la precaución en esos metros. Lo cierto es que sólo fue en esos metros iniciales, que tienen una fuerte pendiente, porque el resto estaba perfecto.
Una de las cosas que me llama la atención de esta senda, es la vegetación esteperia que se da en casi todo el trazado de la senda: esparto, aromáticas y alguna carrasca suelta...no hay mucho más en esa ladera. Ahí os van algunas fotos, ¡como no!
El grado de disfrute iba en aumento conforme pasaban los kilómetros, y dado que esta es una senda larga, larga y más larga, cuando gané la parte baja del río, iba exultante...tanto que decidí que lo mejor era subirme derecho para el restaurante El Pozo, y dar cuenta de alguna vianda...en forma de pincho de tortilla y pisto de pimientos...tremendo, ya lo creo. Por cierto, el camino que va por el río, en la misma margen que va la senda tiene un nombre que me hace gracia, "Camino de las Huertas del Otro Lado"; lo cierto es que no puede estar mejor puesto este nombre, pues el acceso a las huertas se lo da ese camino, y son precisamente las que están en la orilla de enfrente de Valdeganga...je je je
Vuelta para casa
En fin, que tras tomar el café que coronó el almuerzo, decidí que lo mejor era volver a casa, pues el viento empezaba a apretar de lo lindo, y además venía frío, o mejor dicho, muy frío. Lo bueno que tiene la bici eléctrica (entre otras muchísimas cosas) es que te la trae al pairo que apriete el señor Eolo, alguna vez tenía que ser así, no siempre iba a ganar él.
Una cosa que me llamó mucho la atención es que a la altura de Tinajeros pude ver algo así como tres parejas de aves de presa, grandes, de colores marrón pardo (no sé que tipo de ave era), pero lo que sí se veía era un vuelo perfecto, planeando, y seguramente acechando a alguna presa: realmente espectaculares, porque en la parte alta de la subida de Tinajeros, estaban a mi altura y a unos pocos metros de distancia de la vía ciclista.
En fin, que al final me hice una ruta bastante completa, con algunas sendas y de unos 63 kilómetros. Os dejo la ruta y como no, unas cuantas fotos en este enlace.
AMANECER DE OTOÑO
A Julio Romero de Torres
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros.
Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río.
Tras los montes de violeta
quebrado el primer albor.
a la espalda la escopeta,
entre sus galgos agudos,
caminando un cazador.
El ciclista poeta..., bueno..., ya tenemos otra acepción para Mi Sire. Como siempre, muy buena ruta y más la de la Senda Larga de Valdeganga. La ruta en sí ya sale larga y se le añades la senda, pues..., acabaramos.
ResponderEliminarEstos días hay que abrigarse porque el frío aprieta y si además, tenemos el aire que, lo que hace es que tengamos una sensación térmica aún de más frío, pues ni te cuento.
Muy buenas fotos, muy descriptivas de la ruta.
SALUDOS.
Pues sí, menudos días de viento que estamos teniendo...jejeje
EliminarEn cuando a la senda larga de Valdeganga, desde luego que es un seguro de que la ruta se va a dar bien...fácil, kilométrica, vistosa...no se puede decir más.
A ver si antes de que acabe el año nos ponemos en marcha y la hacemos otra vez. Por supuesto, con final parada obligada en El Pozo de Valdeganga, ¡faltaría más!
Un abrazo...Edu
Me encantan algunas de las fotos del río y de la llanura.
ResponderEliminarSaludos.
Lo cierto es que estaban los campos realmente espectaculares, sólo había que poner la cámara. ;-)
EliminarUn saludo.